El dolor de soltar para transformarse y crecer

9 de mayo de 2024

El cuerpo es alcalino por diseño, pero sus funciones y metabolismo son acidificantes

Sentía un dolor indescriptible que no me dejaba respirar y apenas pensaba claro, solo quería morir, sentía que nada valía la pena, ¿qué razones podrían sacarme del hoyo en el que me encontraba? y pensé muchas veces en suicidarme

¿Alguna vez te encontraste en una situación similar? Que a pesar de todos los libros que leías y “nuevas prácticas” no veías cambios significativos o peor aún ¿sentías que tu vida no tenía sentido? Einstein dijo: “locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”. Y tenía mucha razón, y esto es algo que particularmente tardé mucho en entender.

¿Qué significado tiene realizar nuevas prácticas o realizar acciones diferentes para cambiar si no tenemos claro aquello que condiciona nuestra forma de pensar y comportarnos? Y es que una de las principales barreras que debemos superar para crecer es la aceptación, reconocer que tenemos cosas en nuestro interior que sanar y corregir. No es que los libros no nos ayuden, es posible que aquí encontremos la respuesta a lo que buscamos siempre y cuando tengamos el valor de reconocer aquello que nos hace daño.

Estos puntos y otros los ví reflejados en una experiencia muy cercana y que comparto con mis lectores con la finalidad de invitarlos a reflexionar sobre cómo nos cuesta renunciar a ciertos pensamientos, hábitos, costumbres y nos da terror enfrentar a nuestras creencias limitantes, y nos justificamos diciendo tal vez “como duele transformarse para crecer”.

Ésta es la historia de Javier, un hombre de 40 años que sentía que su mundo se había acabado como consecuencia de las decisiones que tomó mientras se sentía desesperado y frustrado porque su empresa no daba los resultados esperados.
Javier se había criado en un ambiente familiar hasta cierto punto violento, su padre lo insultaba y le repetía que “era un bueno para nada”, desde pequeño había deseado irse de su casa, sin embargo, contaba con el apoyo y comprensión de su madre que le aconsejaba de una manera especial.

Cuando Javier tuvo mayoría de edad se fue a estudiar a otra provincia, se propuso ser profesional para sacar a su madre del ambiente donde estaba. Se repetía a sí mismo “no seré como mi padre”, afirmación que con el tiempo resultó falsa; y es que Javier era el fiel reflejo de su padre. Lo que había vivido, escuchado y visto se habían alojado en esa zona que nos negamos a explorar por miedo: el subconsciente.
Después de graduarse en la Universidad, Javier tuvo la oportunidad de desarrollarse como profesional convirtiéndose en un especialista que las empresas requerían por su eficiencia para alcanzar resultados. Y es que Javier era muy trabajador, disciplinado y comprometido con todo lo que asumía, pero como todo ser humano también cometía errores, el detalle es que tenía un carácter muy especial, y cada vez que alguien trataba de hacerle ver sus errores, siempre respondía “es que yo soy así”, inconscientemente era como un escudo que lo protegía cuando se sentía amenazado, y desde luego no era conciente del porqué usaba esta frase. Es probable que en mas de una ocasión hayamos oído a personas decir “es que yo soy así”, y lo cierto es que detrás de esta frase se pueden esconder miedo, ansiedad, frustración, etc. Que no los reconocemos porque se encuentran alojados en nuestro subconsciente.

Tuvieron que pasar muchos años y equivocarse en decisiones dentro de su propia empresa para que Javier pudiera darse cuenta de que estaba equivocado, estas decisiones lo llevaron a experimentar el fracaso al punto de querer quitarse la vida.
La vida no lo había puesto donde estaba…. Él se encontraba donde decidió estar por no ser conciente de sus emociones, sus creencias y sus juicios que limitaban la forma como veía la realidad. Se sentía frustrado, sin querer hablar, pensando constantemente ¿cómo un hombre con su experiencia y conocimiento había fracasado? Buscando explicaciones y preguntándose ¿Por qué? Pregunta que más que ayudarlo a aclarar lo que pasaba lo confundía más.

Una mirada a su interior

Javier sabía que solo no podría salir, pero sus juicios no le permitían ver más allá de la realidad que había construido, era orgulloso y soberbio. Su esposa le pedía que pensara en su hijo que era pequeño, le repetía que siempre había logrado lo que se proponía y que estaba orgullosa de él, pero no era suficiente, las palabras de su padre y las experiencias vividas habían calado en su personalidad, por esa razón cuando experimentó esta situación en su mente sonaba con fuerza “eres un bueno para nada” era como darle la razón a su padre. ¿Cómo salir de aquí? 

“El lenguaje constituye uno de los componentes fundamentales a partir de los cuales construimos nuestros modelos mentales del mundo, y puede ejercer una tremenda influencia sobre el modo en que percibimos la realidad y respondemos ante ella”. (Dilts R. 1995).

Durante muchos años Javier se preocupó por “construir” una imagen de hombre responsable, eficiente, disciplinado, etc. Que eran admiradas por quienes lo conocían, sin embargo, había momentos en los que experimentaba soledad y resentimiento, que no las entendía, y su comportamiento se tornaba agresivo, a veces con sus trabajadores y con su familia. Pensaba ¿por qué? ¿de dónde viene esto?, sin encontrar respuesta; por eso cuando estaba en la “lona” se sentía morir.

“Todos tenemos nuestra propia visión del mundo, así como que esta visión se basa en los mapas internos que hemos ido construyendo a través de nuestro lenguaje y de nuestros sistemas sensoriales de representación, como resultado de nuestras experiencias vitales individuales. Son estos «mapas lingüísticos» los que determinarán, más que la propia realidad, cómo interpretaremos el mundo que nos rodea, cómo reaccionaremos ante él, qué significado extraemos de nuestras experiencias y cuál daremos a nuestros comportamientos”.

Lo más difícil para Javier era adaptarse a la situación si no la aceptas, pero ¿cómo lograrlo?, lo primero que pensó fue dejar de preguntarse ¿Por qué? Y empezó a preguntarse ¿Para qué?, esta pregunta lo llevó a aceptar con gratitud estas experiencias que al principio las llamaba negativas, dejó de buscar justificaciones y solo así podría adaptarse a las nuevas exigencias de la realidad que enfrentaba.

El autoconocimiento

Era importante saber cómo responder ante las cosas que le sucedían. Si quiero cambiar algo, primero tengo que saber qué es lo que hago y así poder hacer algo diferente pensaba Javier. Si soy consciente de mí mismo, conoceré mis emociones, además de la forma en la que mis acciones pueden afectar a las personas que amo.

Se paró frente al espejo y se preguntó ¿Quién soy? 

Sintió que era la pregunta más difícil que se había hecho.

Javier decidió iniciar el proceso y lo primero que hizo fue, escribir un diario de emociones, necesitaba tomar conciencia de lo que sentía, es decir cada situación le generaba un pensamiento que le llevaba a actuar y él debía entender el significado para reconocer la emoción y entonces poder elaborar un plan de acción y sacar un aprendizaje. Se dio cuenta que lo que anotaba con facilidad era las cosas que generaban emociones negativas es decir veía todo lo malo y muy poco observaba las cosas buenas. El objetivo de este ejercicio es tomar conciencia de los atractores emocionales tanto positivos como negativos. Inconscientemente, en nuestro día a día nos enfocamos en los atractores negativos porque son parte de nuestro trajinar por ello el reto es tomar conciencia de las cosas buenas, solo de esta manera podemos lograr un equilibrio emocional. Pero al mismo tiempo, cada vez que identificamos un atractor positivo debemos detenernos para agradecer ese momento, esta práctica le permitió a Javier reconocer las cosas buenas.

Para ello, cada vez que Javier sentía enojo se iba al jardín de su casa y recostado en una viga observaba las pequeñas aves y oía su melodioso cantar, se dio cuenta que esta practica lo hacía sentir tranquilo y sus pensamientos se aclaraban, “no me había percatado de esta belleza” se decía así mismo.

¿Cuántas veces nos detenemos un momento para apreciar la belleza de la naturaleza o disfrutar un momento de tranquilidad? Al igual que Javier, vivimos atareados con el trajín del día y con las obligaciones.

Yo me conozco, yo me valoro

Javier, siendo más consciente de lo que debía hacer en este proceso, trabajo aspectos importantes de autoconocimiento:

Autoconcepto: es lo que creemos de nosotros mismos. Javier creía que era un fracasado y esto lo llevaba a una desvaloración de sí mismo, se sentía culpable de la situación en que se encontraba y de los problemas que esto le generaba a su familia. 

Autoimagen: es la forma cómo nos percibimos. Se avergonzaba por lo sucedido y sentía que cuando salía de su casa todos lo miraban, empezó a descuidar su apariencia personal hasta su forma de caminar era de una persona desanimada. 

Autoaceptación: significa reconocer lo que somos. Javier no era tolerante consigo mismo sus pensamientos y sentimientos eran de culpa al punto de no aceptarse como era. 

Autorrespeto: es la facultad del ser humano para considerarse. Javier pensaba que no se merecía nada bueno y eso lo hacía sentir apenado porque sentía culpa, todo era negativo para él.  

Algunas preguntas que se hizo Javier que le ayudaron a conocerse mejor fueron:

  1. ¿Quién soy?
  2. ¿Qué crees que te quiere enseñar la vida con esta experiencia?
  3. ¿Qué es lo que te preocupa?
  4. ¿Hay algo que te da vergüenza?
  5. ¿En qué momento o situación te sientes más seguro?
  6. Si no tuvieras miedo, ¿qué harías?
  7. ¿Qué crees que tienes de diferente?
  8. ¿Qué es lo que te decían los adultos (padres, abuelos, profesores) que nunca se te olvida?
  9. ¿De qué es de lo que más orgulloso estás?
  10. ¿Qué puedes decir de bueno sobre ti?
  11. ¿Cuál es tu recuerdo más feliz?

Javier había transitado e indagado en su dolor, porque a través del autoconocimiento era consciente de las cosas que le afectaban emocionalmente, de hecho, su padre había influido en su personalidad y que había ciertos patrones que se repetían, como por ejemplo su padre perdió mucho dinero en un negocio y estuvo en bancarrota poniendo a su familia en una situación muy difícil. Era exactamente lo que vivía Javier, muy aparte de la forma como había sido formado con una imagen de padre autoritario.

Al principio a Javier le costaba a aceptar que estas creencias alojadas en su subconsciente condicionaban sus juicios, sentía que sus valores no le permitían actuar como su padre por eso en su tránsito por el dolor entraba en una especie de conflicto entre lo que sentía y lo que hacía ¿cómo era posible?, su orgullo y soberbia lo llevaban a este punto. 

Para superar esta fase, Javier se aislaba en su oficina cada tarde para realizar ejercicios de respiración y meditación, buscaba a través de sus recuerdos aquellos que le causaban dolor y que él consideraba lo habían marcado, un proceso de sanación de su niño interior, los objetivos eran darle amor y seguridad a ese niño, con palabras como: “no te preocupes todo estará bien” “no tengas miedo, mira lo que lograrás” “eres un niño especial”. Y perdonar, porque el perdón libera.

Paralelamente, trabajaba en sus objetivos. Durante el proceso de autoconocimiento fue conciente de sus fortalezas y los recursos con los que contaba para seguir creciendo, atrás empezaban a quedar los días de tristeza, depresión y sentirse fracasado. Empezó a salir de su casa, caminar erguido sin sentir vergüenza, comprendió que es válido equivocarse y lo que no es válido es quedarse en el fondo sin hacer nada por salir.

Se propuso se el mejor en las actividades que realizaba, al principio de manera virtual porque lo que vivió Javier coincidió con la pandemia de Covid-19, poco a poco se sentía más seguro, aprendió muchas herramientas nuevas y necesarias para lograr sus objetivos. Pasada la pandemia, y al cabo del primer año realizando trabajo presencial fue reconocido como uno de los mejores en su área, estaba logrando el primer objetivo de los propuestos. 

Han trascurrido mas de 3 años y Javier continua su desarrollo profesional, ha recibido reconocimientos por su labor y ayuda a otras personas en procesos de transformación.

Muchas veces como Javier, nos encontramos en situaciones muy complicadas, parece que se acabó el camino y nos da miedo seguir avanzando, si te encuentras en este punto, cierra los ojos, pregúntate ¿qué es lo peor que puede pasar si doy el paso? Total, ya estás en lo que crees que es el final. El miedo es una barrera muy potente que nos pone límites y el mensaje a nuestra mente es “no eres capaz de hacerlo” “no podrás lograrlo” “no mereces seguir avanzando”. Esta es la razón por la que nos duele soltar las cosas que conocemos y nos atan al pasado impidiéndonos esa transformación que nos permita crecer.

Finalmente, un punto que es fundamental en este proceso es la disciplina.

La disciplina es un hábito, implica tener autocontrol sobre nuestras acciones y se reflejarán en nuestro comportamiento y nuestra personalidad. La mente te boicoteará para que desistas de tus objetivos, por eso necesitas de mucho autocontrol. La disciplina te ayuda a comprometerte cada vez más con tu propósito, el ¿Para qué? 

Aún en nuestros momentos más difíciles debemos encontrar la razón por la que existimos, esto es fundamental, responder al ¿Para qué? Nos permite trazar el camino que debemos recorrer para alcanzar nuestros objetivos. 

Recuerda: transformarse no duele, duele soltar nuestros pensamientos y creencias que nos atan al pasado. 

¿Te gustaría realizar un viaje de transformación? Estoy seguro de que sí. 

Te invito a sesiones de coaching personalizadas.

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